Atrévete: define tu objetivo

Atrévete: define tu objetivo

Marcarse un objetivo es un paso muy importante para lograr nuestros propósitos. Ahora bien, te será más fácil encontrar el camino si antes identificas tus pasiones y hobbies. Se trata de considerar aquello que realmente te gustaría estar haciendo en un futuro a corto, medio o largo plazo y apostar por ello. Soy partidario de escribir los objetivos en un papel en forma de lista y dejarlos a modo de recordatorio en nuestro escritorio, puerta de la habitación, nevera…

Y es que recordarnos a nosotros mismos, no sólo los objetivos, sino también el por qué hacemos las cosas incrementa la constancia y concreta la atención para lograrlos. Es indiferente si el objetivo es asequible o ambicioso, lo importante es ser consciente de ello y saber esperar el tiempo suficiente para lograrlo. Con la consecución de objetivos nuestro desarrollo personal progresará, entonces podremos plantearnos siguientes objetivos.

No obstante, no todos los genios que han hecho algo grande a lo largo de la historia lo tuvieron fácil, dejo algún ejemplo:

  • Isaac Newton: tuvo un bajo rendimiento en la escuela primaria y se consideró “poco prometedor”.
  • Ludwig van Beethoven: su profesor de música una vez dijo de él “como compositor, es un inútil”.
  • Thomas Edison: su profesor le dijo que era demasiado torpe para aprender nada. Le aconsejó que se dedicara a algo en lo que pudiera triunfar merced a su personalidad agradable.
  • Michael Jordan: fue expulsado del equipo de baloncesto de su escuela secundaria.
  • Walt Disney: fue despedido por un director de periódico porque “carecía de imaginación y no tenía buenas ideas”.

Y no hace falta irnos tan lejos. En mi época adolescente fueron varios los compañeros que se matricularon en la Universidad al dejar el instituto a pesar de ser invitados (o exigidos) por sus tutores a tomar caminos más “asequibles”. Y bien, con los pocos que mantengo el contacto han podido seguir adelante con sus objetivos, con más o menos hándicaps, claro está.

¿Y qué conclusión podemos sacar de todos estos maestros, directores, escuelas… que dudaron del desarrollo o potencial de todas estas personas? Debemos (intentar) conseguir nuestros objetivos, nunca jamás aceptar que nos los impongan; aprender a mejorar, cambiar, adaptarnos, redefinir nuestras metas, sin olvidarnos de la realidad. Es decir, nuestros objetivos tienen que ser definidos y acordados de forma específica, cuantificable y realista, mientras detectamos y eliminamos elementos, comportamientos y creencias que nos autolimitan.

Identificar y sacar a la luz los puntos fuertes de cada experiencia por muy desastrosa que haya sido es con lo que debemos quedarnos. Revisar aquella lista de objetivos colgada en nuestra habitación también será obligatorio. Al fin y al cabo, estamos llenando una mochila de experiencias, conocimientos, valores y aptitudes que nos acompañará durante todo nuestro camino. A mí aún me faltan muchas cosas por poner, ¿y a ti?

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